Gloria Fuertes

 

 

GLORIA FUERTES

 

Gloria nació de madre costurera, criada y ama de casa y padre portero en un barrio madrileño de gente obrera   con muchas necesidades, mucha puta y cualquier convento”.

 

Gloria Fuertes nació en Madrid

a los dos días de edad, 

pues fue muy laborioso el parto de mi madre

que si se descuida, muere por vivirme.

 

Era una niña extravertida y llena de vida Su infancia fue alegre y divertida, con el deseo constante de ser un payaso; a pesar de confesar en sus poemas  ser la hija no deseada de un matrimonio sin amor.

No hay nada más naif que un culo en pompa.

Yo también nací en domingo.

Aunque cuando “me hacían”

mis padres ya no se querían,

(a mí tampoco).

Pasaron quince años desde el primer biberón

al primer beso de amor.

 

Su niñez fue pobre y llena de privaciones. En su casa no había libros y era precioso oír contar a Gloria como tuvo que imaginar, escribir, ilustrar y coser su primer libro. Era algo que necesitaba tanto como comer y beber porque desde muy pequeña ya quería hacer versos.

 

Yo empecé en esto de inventar,

muy pronto,

mire usted, sr  periodista,

Cuando se me ocurrió el primer poema,

me caí de la cuna de risa.

 

Su madre quería que fuera modista o niñera, pero Gloria decía que no quería servir a nadie; si acaso, a todos. Por fin, la matriculan en el Instituto de Educación Profesional de la Mujer en todas las asignaturas propias de su sexo: Cocina, Bordados a mano y a maquina, Higiene y Fisiología, Puericultura, Confección y Corte ( ¡ qué corte!) y por si fallaba (que falló) lo del casorio- cosa que intuía la que la parió- la apuntó a Gramática y Literatura, ya que estaba harta de sus mosqueantes aficiones, impropias de la hija de un obrero-, tales como atletismo, deportes y poesía.

Entre pobreza y necesidad familiar, llegó la guerra, la pilló muchacha y la  pasó pasando hambre y pasando muertes, de otra gente y de gente próxima

Gloria llegó a pesar menos de cuarenta kilos, a pesar de ser alta, e hizo siempre gala a su apellido: luchó incansablemente con la ayuda de ese humor tan suyo, tan lleno de vitalidad,  pero igualmente de amargura.

Si la realidad  es gris,

la pongo verde.

 

Su madre murió cuando más falta le hacía ( a los quince años) y le toco trabajar como oficinista y taquígrafa.

 

Entré en una fábrica de contable; en aquel barrio llovían obuses a diario- os lo cuento de milagro-. Y así , trabajando sin cesar en diferentes oficios ( y sin dejar de escribir un solo día poesía) pasé en 1.939 de la oficina de hacer cuentas a una redacción para hacer cuentos.

            Empezó a trabajar en revistas para niños, escribiendo cuentos y versos y también teatro infantil, dedicación que no abandonaría nunca, publicando montones de libros para gente menuda y, algo después, en los tiempos de la televisión, escribiendo guiones para programas infantiles y recitando sus poemas en la pantalla.

Hasta 1950 no sacó su primer libro de poemas para mayores: Isla ignorada.

En 1955 estudió biblioteconomía e inglés. Fue una de las épocas más felices de su vida. Aquellos años,  en que ya al frente de una Biblioteca Pública, aconsejaba y sonreía a los lectores.

 

Mi jefe era el libro, ¡yo era libre!

 

En esta década publicó obras tan significativas como: Que estás en la tierra, Poeta de guardia, Ni tiro, ni veneno, ni navaja, Cómo atar los bigotes al tigre ; así como sus libros infantiles Pirulí, Cangura para todo y Don Pato y don Pito.

Más feliz todavía fue cuando, con un currículum de seis libros de poesía agotados, le dieron una beca para enseñar Poetas españoles en una universidad de Pennsylvania. El curso lo empezó diciendo:  “Es la primera vez que piso una universidad, no como estudiante sino como profesora”

A partir de este momento estuvo dando clases con clase, allí o aquí, hasta que en 1975- ayudada por la Beca March de Literatura Infantil- se dedicó solamente a lo suyo: escribir y vivir, como fuera, de lo que escribía.

En este año apareció la 1º edición de Obras Incompletas y Sola en la sala , título visionario de lo que sería la vida de Gloria en sus últimos años.

En los años setenta, Gloria trabajó en Televisión  Española en Un globo, dos globos, tres globos. A partir de 1982 volvió a trabajar en televisión en otro programa que se hizo muy popular: La cometa blanca

 Pero, a pesar de que, durante mucho tiempo, sus versos disparatados , su voz cascada y rota, y su cara redonda de niña grande formaron parte de nuestras vidas; poco a poco  el mundo se fue olvidando de Gloría Fuertes y con las nuevas corrientes literarias y los nuevos autores, sus libros para niños empezaron a esparcirse y malvenderse, tras años de euforia y saturación editorial de su obra. Muchos de sus poemas hablan de esta soledad, de la que sólo la consolaba la poesía.

 

Soy una y estoy sola.

No ha llamado ni vino.

Me quedé sin tabaco,

sin manos y sin vino,

sufriendo a paño seco.

Tarde larga y profunda.

Soy una y estoy sola.

La lluvia me serena

(ya está la poesía junto a mí),

ya somos dos, poema.

 

El 27 de noviembre de 1998, murió Gloria Fuertes a consecuencia de un cáncer de pulmón. Sus propios versos podrían haberle hecho de autoepitafio.

 

Cargada de espaldas,

de amores,

de años

y de Gloria,

ahí queda la Fuertes.

 

                                                       OBRA

 

Encuadrar a Gloria dentro de una corriente literaria, clasificarla, resulta muy difícil. A pesar de que se la relaciona con el surrealismo, con el postismo y con la generación de 36; Gloria Fuertes era una poeta sui géneris, independiente, cabra sola en el panorama literario español. Cuando alguien le preguntaba a qué corriente pertenecía, ella, con su ternura y su gracia habituales, contestaba que a una corriente corrientita, que se movía sola y que su poesía estaba muy entroncada con Gloría Fuertes, que se parecía mucho a Dios y a ella. Y no le faltaba razón, porque si algo caracteriza a la poesía para adultos de Gloria es que está íntimamente relacionada con su vida; es, casi toda ella autobiográfica

Gloria creó su estilo propio, su lenguaje personal; escribía como le daba la gana. Sus poemas no estaban cuidados ni repensados, estaban sentidos; tal cual salieron de la punta del boli. Gloria escribía como hablaba, preocupada, sobre todo por comunicar, por ser entendida.

 

Sólo quiero darme a entender, emocionar o mejorar con aquello que a mí me ha emocionado o mejorado antes de escribirlo; o más todavía: gritar a los sordos, hacer hablar a los mudos, alegrar a los tristes, poner mi verso en el hombro de los enamorados, hacer pensar a los demasiado frívolos, describir la belleza a los ciegos de espíritu, amonestar a los injustos, divertir a los niños; esto es lo que quiero y a veces consigo.

 

Gloria decía lo que tenía que decir a su manera, a su aire, espontáneamente, sin preocuparse demasiado por la forma. Estaba convencida de que la útil expresión es más importante que la inútil perfección.

Su poesía es popular y aborda los temas más arduos de la vida y el mundo con el más sano humor. Para Gloria el mundo era un circo y el hombre- poeta un payaso. Quería ser el Charlot de la poesía porque la entendía  como un medio de salvación en el maremágnum del mundo. La poesía llevaría amor, humor y alegría donde hubiera desamor, apatía  y tristeza.

 

Yo,

remera de barcas,

ramera de hombres

romera de almas,

rimera de versos,

Ramona, pa’servirles.

 

Hombre-vida, amor-paz, muerte-Dios, injusticias-guerras, niño-futuro, soledad-tristeza, desamor-angustia, humor-amor y amor  otra vez eran los temas en los que más insistía Gloria. No era descriptora de exteriores ni paisajista. Prefería el campesino al campo, el marinero al mar, el hombre que sufre y goza sobre el asfalto a la ciudad.

 

No puedo pararme en la flor,

me paro en los hombres que lloran al sol.

y sigo intentando evitar un mundo peor.

 

En la obra de Gloria encontramos una veta profundamente religiosa, una estrecha relación con Dios.

Dame la mano,

Dios, dame la mano

que me escurro en la cuesta

con la llovizna esta

 

                        La misma preocupación por la existencia de Dios la llevó ante el tema de la muerte , “esa insulsa que nunca sabe nada;, a la que Gloria no temía por sí misma, sino por sus consecuencias.

(No es lo peor morirse, lo angustioso

es que después no puedes hacer nada ,

ni dar cuerda al reloj,

ni despeinarte,

ni ordenar los papeles...)

           

            Pero yo creo que Gloria  en esto se equivocaba porque ella, después de muerta, sigue haciendo mucho, nos sigue emocionando con sus versos llenos de amor y de humanidad, nos sigue haciendo reír con su humor tan original y sigue siendo la Gloria de los niños, la de la poesía loca y los juegos de palabras que revolucionó el mundo de la literatura infantil.          

 

 

 

 

 

 

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