El cervato

 

Durante el invierno,

a veces y a ratos,

por no tener cuernos

lloraba un cervato.

 

Su abuelo paterno,

su padre y su tío

paseaban cuernos

de muy señor mío.

 

Y había encontrado,

hasta en la caverna,

un ciervo pintado

con cuerno y con cuerna.

 

¡Qué pena y qué cruz!;

¡qué pesar tan hondo

tener el testuz

tan mondo y lirondo!

 

Asta y cornadura

se hizo el cervatillo

con las ramas duras

de un duro membrillo.

 

Seguro y pagado

de su gran belleza,

llevó el enramado

sobre la cabeza.

 

El ciervo lucía

su cuerna elegante

y así se sentía

grande e importante.

 

Doña Primavera,

cuajada de flores,

pintó la pradera

de vivos colores.

 

Y me dijo el cuervo,

y su grajo-yerno,

que por fin al ciervo

le salieron cuernos.

 

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