Pequeña, pequeñita
Soy todavía pequeña,
pequeña, pequeñita,
pero ya puedo andar
como una señorita
y aunque, de vez en cuando,
se enreda mi escarpín,
corro por la cocina,
la sala y el jardín.

Cuando siento que llega
mi papi del trabajo,
no corro sino vuelo
escaleras abajo;
pero como es tan alto,
sólo abrazo sus piernas
y escondo mi carita
entre sus manos tiernas.

Ya pinto en las paredes
casi como una artista
y me muero de miedo
cuando hablan ddel dentista,
porque, a pesar de todo,
como mi muñequita,
soy todavía pequeña,
pequeña, pequeñita...



Un enano y un gigante
Van tomados de la mano
como un solo caminante:
a la izquierda va el enano,
a la derecha el gigante.

Ayer salieron dichosos
en búsqueda de la mar:
hoy caminan jubilosos
para poderla encontrar.

Arriba, abajo, a los lados,
detrás, al medio, adelante:
van por el sol abrasados
un enano y un gigante.

¡Qué flaco es el enanito,
qué gordo es el gigantón!
¡Qué viejo es el pequeñito,
qué joven el grandulón!

De lejos parecerían
un ratón y un elefante;
de cerca sólo serían
un enano y un gigante...

 


Los sueños de Natalia
I
De tanto jugar, cansada,
aunque plácida y risueña
Natalia sueña que sueña
mientras navega en su almohada.

Ha encontrado la manzana
por la que el niño lloraba
y al devolvérsela, acaba
su llanto y el de Santa Ana.

Luego visita a la gata
y a los cinco borriquitos
que dan calor, muy juntitos,
a su hermana garrapata.

Después va a la dulcería
con dos niños en un coche:
uno ha nacido de noche,
otro ha nacido de día.

Cansada, pero risueña,
sobre su lecho de espuma
-cual lucero entre la bruma-
Natalia sueña que sueña...

A saltar la cuerda, juega;
al florón, al rocotín,
a las carreras sin fin,
a la gallinita ciega...

Con ojos de clara miel
le sonríe una niñita
que dice ser la viudita
del Conde Blas de Laurel.

Adornada con su cinta
de color verde limón
canta con profunda unción
la esquiva Pájara Pinta.

Allá lejos, en la fronda
se oye un gritar de chiquillos:
sale el lobo y sus colmillos
hacen estrago en la ronda...

Natalia ha pegado un grito
y a la suavísima almohada
le dice: "!No me haga nada,
por favor, señor lobito!²"

II
Se despierta, temblorosa,y piensa: "Fue solo un sueño"...
Se cobija y, con empeño,
vuelve a dormir, presurosa.

Está soñando otra vez
y en su rostro una sonrisa
viene a pintarse de prisa
cual el sol sobre la mies.

Por un caminito viejo
su nuevo soñar inicia
y se encuentra con Alicia
que ha traspasado el espejo.

El País de Maravillas
tiene de inocencia un manto
y el serenísimo encanto
de las cosas más sencillas:

izar sueños y cometas,
acariciar las estrellas
y ser feliz con las bellas
palabras de los poetas.

Yace cerca del Poniente
una hermosa princesita
que hace cien años dormita:
la llaman "Bella Durmiente"...

Viene el Príncipe anhelado:
llora creyéndola muerta;
mas al besarla... ¡despierta!
y halla el amor a su lado.\pard line
Hay un hada que le cuenta
la historia de Pulgarcito,
la de un joven Principito
y hasta la de Cenicienta.

Casi, casi, ya sin voz
le dice que en un camino
se encontró con Aladino
y conoció al Mago de Oz.

De tanto contarle cuentos
se cansa y bosteza el hada:
ya no se le ocurre nada,
¡se agotaron sus inventos!

Así que resuelve, pues,
tocarla con su varita.
y decirle: "Señorita;
nos veremos otra vez"
Al despertarse Natalia,
el hada ya no se asoma,
sólo ha dejado un aroma
de rosa, clavel y dalia...