Conferencia publicada por El Litoral, Santa Fe, Rep. Argentina

¿Qué dice esta canción?

 

Prof. Graciela Pacheco de Balbastro

 

La canción de cuna nació el lejano día en que una madre hizo de sus brazos nido y musicalizó su ternura. En una palabra: casi desde siempre.

 

Desde el punto de vista literario este género es el primero en ser disfrutado por el hombre. Por mucho tiempo sólo existieron en el corpus de la literatura tradicional de transmisión oral. La canción de cuna, la nana, el arrorró, son la misma vertiente dirigida a distintos destinatarios: la madre y el hijo. Canturrear, cantar, mientras la mamá acompaña la letra heredada o aprendida o recién compuesta no sólo está destinado al bebé. Bien dijo Gabriela Mistral que los arrullos folclóricos, esa “isla de las canciones de cuna”, “no  es para la mujer sino un antojo de palabras enderezadas al niño y a sí misma”.

 

Mientras mamá canta lo mira, lo explora, fabula. Y la nana que repite entronca a su pertenencia, a su cultura. Si por las raíces bebe el árbol, mosto jugoso trepará por los retoños si los padres se brindan ese tiempo.

 

La canción de cuna tiene ritmo de vaivén y es de una importancia capital en el desarrollo armónico de la criatura. Con quien se hamaca y canturrea se establece una íntima relación. Es una soledad de dos. Es el momento que precede a la calma, es un espacio propicio para que mamá haga, intuitivamente, su diagnóstico del porqué del llanto, por ejemplo.

 

Si el niño está llorando y es una criatura sana, está anunciando alguna situación molesta: hambre, frío, sueño, algún dolor...

 

Y cuando mamá lo levante, cuando se acomode con su carga preciosa, las más de las veces, por pequeña que sea la criatura, dejará saber qué es lo que la aqueja. Buscará por su lugar habitual de comida, o luchará denodadamente contra el sueño. O, calentita entre los brazos, el frío se alejará. Cuando la madre devuelve a su hijo a la cuna, subconscientemente trata de repetir en el “moisés”, en la camita, las condiciones de sus brazos. Trata, inadvertidamente, de transformar el lecho en pequeño nido Así que si era frío lo que tenía, es muy probable que inconscientemente la madre lo subsane. Y si era sueño... arrorró mi niño / arrorró mi sol/ arrorró pedazo/ de mi corazón.”

 

En la historia de las civilizaciones, los sociólogos le asignan a la canción de cuna un sentido protector, una especie de encantatorio para alejar a los malos espíritus. Y también el de momento socializador del grupo o tribu.

 

La canción de cuna viabiliza la situación onírica. La nana, aliada del sueño, ayuda a que éste gane la lucha. ¿Por qué los niños se resisten a abandonarse y dormir? ¿Por qué la mayoría riñe con el sueño? La canción de cuna es la que ayuda a poner pesados los párpados, la que calma el llanto, la que ayuda a confiar. Es un puentecillo placentero y seguro para que madre e hijo lo crucen en mutuo reconocimiento. Además, dicen que dicen los que saben mucho de estas cosas, que hasta el segundo mes los bebés no se malacostumbran. No sé si es totalmente cierto, pero a mí me gusta creerlo: sesenta días es tiempo suficiente para aprender a acunar al bebé.

 

Lo que no se discute es que “el apresuramiento en el vivir, la falta de espacio en la vivienda actual, el trabajo de la madre fuera del hogar, así como la ausencia de determinados contornos profundamente poéticos _ el fuego en la chimenea, el cuarto de hilar o de costura, las viejas cocinas con servidumbre sabedora de cuentos... y hasta la existencia de abuelas abuelas . . .  gravitan negativamente en el encuentro del niño (...) con la palabra” y la canción de cuna sería así la primera aproximación placentera que hacemos a la palabra hecha arte.

 

La poesía infantil toma diferentes formas. Ésta que nos ocupa hoy es el vaivén poético con que acompaña y destraba la madre el sueño de su hijo.

 

Ese susurro maternal rimado, ritmado y musicalizado lubrica la relación madre e hijo y ayuda a éste a entregarse confiado al sueño.

 

No importa que ni mamá, ni papá, ni la abuela tengan voces para el Colón, hay canciones de cuna “adecuadísimas para ser leídas (diríamos casi susurradas) a los pequeños a la hora del descanso, debido a la honda sugestión de su atmósfera onírica que predispone al sueño”.

 

Los temas:

 

El gran tema es indudablemente el sueño visto como contienda.

Para ganar en la lid, la canción de cuna se transforma en estrategia. Y esta estrategia se estructura en tres posibles momentos o actitudes del poeta ante el problema.

 

Actitud ante el problema:

 

Ante la resistencia del niño por no claudicar al descanso, la nana aliándose al sueño  exhorta, tienta, amenaza,........ ruega.

 

1º: Nanas de  exhortación:

 

Cierra ya los ojitos

y échales llave

dame la llavecita

que te la guarde  (Germán Berdiales)

Dormí que te hamaco

de allá para aquí

así de ese modo

Jha kóricha aveí   (Franklin Rúveda)

 

 

Arbolito, arbolito

del campo verde

hazle sombra, hazle sombra

mi amor se duerme.       (Anónimo)

 

 

2º: Las de acción de tentar:

 

Duérmete, Natacha

para que la luna

se ponga contenta

y te dé aceitunas.

 

Duérmete, Natacha

para que el lucero

te haga una almohadita

de albahaca y romero.  (Juana de Ibarbourou)

 

 

Duérmete mi hijito

y te buscaré

miel de lechiguanas

y te la traeré.   (Graciela Pacheco de Balbastro)

 

3º: La amaenaza:

 

No hay que hacerse rogar

Che mitá keraí

que mirá que el Pombero

omaé ñemí   (Franklin Rúveda)

 

 

 

Duérmete, niño chico

que viene el coco

y se lleva a los niños

que duermen poco  (Anónimo)

 

 

Se enojó la luna,

se enojó el lucero

porque esta niñita

riñó con el sueño   (Juana de Ibarbourou)

 

La loba, la loba

vendrá por aquí

si esta niña mía

no quiere dormir  (Juana de Ibarbourou)

 

La rogativa:

 

Estos tres tratamientos del problema a resolver (el sueño que no llega) pueden resumirse como de rogativa: la madre que pide su propio descanso, que necesita ir a trabajar, que ruega por el abandono momentáneo del niño al sueño:

 

Ángel que te trajo

ya mira el reloj.

tiene que volverse.

duérmete, mi sol.

Mientras crece el trigo,

durmamos los dos.      (José Pedroni)

 

 

¿Qué primero un cuento?

Pues sí, niño, sí;

Había una vez

en cierto país

mucho que lavar,

mucho que planchar,

mucho que zurcir...

 

Por suerte los niños

dormían allí...

¿Y usted, dígame?

¿No piensa dormir?

 

¡Oh, quiere un besito!

¡Uno, y cien, y mil!

Pero, ¡a ver si ahora

se duerme por fin!

Que su madre vive

en aquel país

y la pobre tiene

mucho que lavar

mucho que planchar,

mucho que zurcir... (Germán Berdiales)

 

 

Muchas canciones de cuna son breves cuentos en verso. Muchas de ellas son poesía narrativa. Hay canciones de cuna breves y otras extensas. Las hay anónimas y las hay literarias. Heredadas de la tradición española (europea en general) o pertenecientes a nuestro folklore.

 

Que el niño no entienda qué significa cada palabra, no interesará por ahora. “El verbo de los poetas, como el de los santos, no requiere descifrarse por la gramática para mover las almas. Su esencia es el milagro musical”.

 

                         “La madre ha logrado

                                    dormir a su hijito.

                                     Una obra maestra

                                     de pequeños suspiros,

                                     de menudas palabras,

                                     de amenaza, de mimos

                                     de dulces cancioncillas

                                     de voluntad, de instinto...

                                     No respiremos casi

                                     El niño se ha dormido.” (Baldomero Fernández                                                                        Moreno)

 

 

 

                                                                                     

 

(*) Graciela Pacheco de Balbastro es profesora en letras. Ejerce la docencia en la ciudad de Santa Fe, República Argentina, pero ha dictado clases y conferencias en numerosos países: Perú, España, Holanda, India, etc.

Es autora de numeros artículos y tiene publicados “Floresta nueva de leyendas viejas” Editorial El Ateneo, Bs. As., “¡Sh.....! estamos narrando” (sobre la teoría de la narración oral), cuentos de su autoría aparecen en diversas antologías. “Las piedras vienen contando...”, es un libro de cuentos y leyendas que fue traducido al bengalí y que se utiliza en escuelas de Calcuta y la región. En castellano está publicado por la Editorial Alsina y como E-Book figura en www.libronauta.com y www.amazonia.com