POEMAS

   Oruro-Bolivia,1950. Estudios en pedagogía, filología alemana, lengua y literatura inglesas (Alemania, Chile, EE.UU.). Docente investigadora en lingüística informática y traducción automática. Políglota. Presidenta del P.E.N.-Internacional-La Paz (Poetas, Ensayistas, Novelistas). Fundadora y Miembro del Directorio de la Asociación Boliviana de Traductores. Autora de varias obras de poesía, novela y cuento. Ganadora de varios premios literarios nacionales e internacionales. Galardonada con el Escudo de Armas de Nuestra Señora de La Paz en Grado de Servicios Especiales. Seleccionada como uno de “Los 2000 escritores más destacados del Siglo XX” por el Centro Biográfico Internacional de Cambridge, Inglaterra. Premiada con el “Laurel de Oro” por la Asociación Peruana de Literatura Infantil-Juvenil, Cusco (Perú 2001). Miembro de Número de la Academia Boliviana de la Lengua.  

 

GLADYS DÁVALOS ARZE (biografía para los niños) 

    A mí me gustaba escribir desde que era chiquita. Recuerdo que mi abuelo traía a casa unos libros usados de contabilidad que ya no le servían, pero que aún tenían hojas en blanco. Mi afán a los 5 años era llenarlas. Las llenaba de “letras muy bellas y elegantes” para mí, pero que en realidad eran unos garabatos que se veían más o menos así: 

(¡Aquí hay que dibujar los garabatos!!!)

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y que llenaban todas las hojas restantes. Pero no eran sólo letras “hermosas” las que yo dibujaba con mucho esmero, sino historias mías. ¡Relargas! Luego de “escribir” unas cinco páginas, iba a buscar a mis abuelitos y les “leía” mi “cuento”. Ellos eran tan amorosos que me seguían la corriente con mucho buen humor y se daban el tiempo de escuchar lo que yo en ese momento estaba inventando. Así comenzó para mí la gran aventura de escribir. 

Cuando entré al colegio, descubrí que esas letras eran signos que se podían leer de verdad y comencé a leer todo lo que se cruzaba en mi camino. Lo más gracioso y divertido para mí era leer lo que decía en las paredes de las casas en la calle. Una vez pregunté a mis papás por qué la gente quería que se mueran los monitos, que a mi me tanto me gustan. “¿Por qué? ¿Qué monitos?”, preguntaron ellos. “Sí, bueno, debe haber algún monito malo por ahí, porque en muchas paredes dice que “muera el mono”, contesté yo. Mis papás quedaron espantados, pero a la vez contentos, porque “ya sabía leer” y me comentaron que “el mono” era el apodo de un presidente de la república de la época, cuya cara, según la gente, se parecía a la de un monito.  

De ahí en más leía todo lo que caía en mis manos. Mis abuelos se dieron cuenta de mi afición por la lectura y comenzaron a regalarme un montón de libritos con lindas historias y dibujos a todo color, pero también habían algunos cuyos dibujos había que colorear. Esos también me divertían y me encantaba pintarrajear el borde los dibujos con un color  más oscuro y el interior con uno más claro.  

La historia que más me acuerdo, y que casi me la sabía de memoria tanto leerla y releerla, era la de “Rosita y el futbolista”. Rosita era una conejita hermosa, de largas pestañas y ojos negros enormes que estaba enamorada de un conejito futbolista. Leía la historia en el patio, después de almuerzo, en el “solcito”, bajo un árbol de guindo que tenían mis abuelos. El momento más emocionante de la historia era cuando él y su equipo salen campeones, ganando su último partido 5 a 0 y Rosita, bien “camote”, llora de felicidad y le envía a “su” campeón besos de felicitación, saltando en la tribuna de loca alegría. 

A los 15 años mis garabatos de cuando tenía 5, se convirtieron en poesía. Todo “por culpa” del profesor de historia que tenía una reunión de urgencia con el director. Nos encomendó hacer las tareas o “algo productivo” durante su ausencia. Mis compañeros de curso así lo hicieron, pero yo escribí una poesía dedicada a la luna. Cuando el profesor volvió quiso que le mostráramos las tareas. Yo me sentí muy mal, porque yo no había hecho tareas como los demás, sino una poesía. Pero para mi sorpresa, al profesor le gustó. Se la llevó y unos meses después me sorprendió cuando trajo al curso un ejemplar de un periódico de la Universidad Técnica de Oruro, donde él había hecho publicar mi poema.