Mi abrigo Rodrigo
madruga conmigo
todas las mañanas,
con sueño y sin ganas.
Me lleva a la escuela
con frío que pela.
Me abraza, me achucha,
me apaña y me escucha.
Cuida mis tesoros:
el oro y el moro;
y guarda, discreto,
todos mis secretos.
El sol caluroso
lo hace perezoso;
y como un lirón
duerme en el arcón.