LA MAZORCA SOÑADORA
Una experiencia de lectura en la selección de libros para niños
Siempre me ha gustado estimular el gusto por la lectura en los niños desde la más tierna edad. Por eso ideé un rincòn lúdico que llamé "Viveros Literarios", espacio para el juego y la literatura en todas sus formas y géneros. Muchas situaciones fui descubriendo con los párvulos, para que cada libro fuera una experiencia única y, motivara la solicitud de otros textos. Algunas de esas experiencias las explico en los talleres que dicto a docentes con el propòsito de crear un àrea para los Recreos Literarios, en sus aulas . De esos talleres fue surgiendo el libro Los viveros literarios: Espacios para la lectura en la Escuela, Fondo Edit. La Escarcha Azul. Mérida, Venezuela, 1999.
Lo más importante en estos procesos ha sido la promoción del respeto a las interpretaciones de las niñas y los niños, respecto a sus propias "lecturas" que con sinceridad, de jueces o árbitros expresan sobre el juego de palabras, ideas, emociones, imágenes, ilustraciones y sentimientos que conforman la literatura. Por eso la lectura fue y así debe seguir siendo, un guiar compartiendo, modulando la voz y haciendo énfasis en los sonidos de cada palabra y en la fuerza vocal y las pausas en los niveles de suspenso y acciones intensas, para luego escucharlos, dejarlos opinar con sus palabras duras o suaves, de complacencia o fastidio; aburrimientos y silencios. Variables que podrían, o no, indicar fallas del texto leído; inadecuación para las etapas de desarrollo intelectual, falta de concentración, o problemas en la oralidad de la lectura.
Por estas y otras posibles dificultades, consideré importante llevar un registro de las opiniones de los niños y niñas, de distintos niveles; tomando en cuenta sus experiencias de contacto con la literatura, así como sus características personales. Lo que me permitió aprender a seleccionar los libros de acuerdo a las características del cada grupo.
Uno de esos libros que impactó de diversas maneras a los niños fue La Mazorca soñadora, de María Luisa Lázzaro (Mérida, Escarcha Azul, 1995).
Fue leído o más bien contado (aún inédito) mirando a niños y niñas a los ojos, pronunciando armoniosamente las palabras por demás poéticas, ya que más que un relato en prosa, es un poema narrativo. Fue lcomentado con niños de diferentes edades y niveles socioeconómicos y culturales; con niños lectores y no lectores. Luego escuchamos con mucha atención las impresiones de quienes sentían deseos de opinar, así compartimos unas y otras "lecturas" que cada quien con toda libertad expresaba. Mentalmente fui comparando las ideas que venía manejando personalmente acerca del texto.
Como resultado, sin pretensiones eruditas o de análisis literario, se logró entre tantas opiniones, una especie de juicio valorativo, un análisis sincero y respetuoso de la degustación lectora del auditorio infantil, para quienes estaba dirigido el libro; al menos esa es la primera impresión que nos muestra el texto.
Bien, después de una opinión afirmativa de los niños y niñas, acerca del gusto por la lectura que habìan escuchado, les pregunté por qué les había gustado?
Entre las muchas respuestas -algunas repetidas de las primeras opiniones- que anoté fielmente con la sinceridad con que se expresaron, fueron las siguientes:
-Porque los granos no querían ser cachapas sino soñar y volar
-Porque son unos granitos de maíz muy especiales
-Porque uno se queda pensando... ¿En qué? –le pregunté. -En la noche, en la luna, en las estrellas –respondió.
-Porque me gusta cuando los granitos miran al sol y a la luna.
-Porque provoca estar allá -¿Dónde? -Donde estaba la mazorca con todos los hijitos.
-Porque a esa mamá le gustaba que los niños soñaran.
La única respuesta provocada por la interrogante: -¿Qué cosa le cambiarían o agregarían al texto leído?, fue la de una niña de siete años:
-Que los granitos no se queden en el cielo, que bajen otra vez y vivan con las matas de mazorca que son las mamàs de esos granitos.
Los más pequeños (de 3 a 5 años) hicieron comentarios interesantísimos sobre las mazorcas como alimento: asadas, en hervido, etc.
Observé que el interés por la lectura se mantuvo en los diversos grupos de niños.
La inquietud originada provocó situaciones agradables en los niños y en las niñas. Es una lástima que tantas emociones recogidas en mis cuadernos de apuntes no se puedan mostrar en pocas páginas.
En relación a las ilustraciones, las expresiones e interrogantes de los más pequeños -al observar los dibujos- fueron:
-¿Dónde están lejos las estrellas?
-¿Cuáles son los grillos?
-¿Dónde están los otros?
Es sano pensar que las ilustraciones no deben mostrar todo para que los niños puedan imaginar y completar muchas veces las historias, o elaborar su propia historia, ajena totalmente a la que propone el texto en cuestión. En nuestros encuentros diarios ellos me han enseñado a respetar sus espacios para la imaginación, y aunque son asombrosamente imaginativos, cuando las ilustraciones describen cada detalle, ellos exigen que sean lo más apegado a la realidad de la ficción.
Es una pena que en los dibujos correspondientes al fragmento: "Miren las estrellas / que lejos y que cerca brillan" (p.8), los niños no pudieran identificar las estrellas que estaban lejos. Para ellos todas están cerca. Los más chicos tienen muy claro que, lejos no significa pequeño; ni cerca, grande. Para ellos lejos es allá, lejos; y cerca es aquí, cerca.
En los dibujos que corresponden a los fragmentos: "Se / montaron / en el sol" (p.17) y "Se / metieron / en la luna" (p.18), la ilustradora, Anna Liz Montilla, hace una representación gráfica en singular: solamente un grano se monta en el sol y se mete en la luna. Los niños, como buenos observadores, preguntaron: ¿Dónde están los otros? Yo me vi precisada a responderles que estaban escondidos detrás del sol. Otro de los niños adelantó la respuesta completa: -"Los otros están por detrás de la luna".
Es bien importante tener presente que los textos y las imágenes no son piezas sueltas, son partes de la misma armazón. Ellos deben encajar perfectamente dando vigor a las escenas (fragmentos del texto) para conformar un todo armónico y definido.
Posiblemente la "lectura" que la ilustradora interpretó en esas lìneas fue totalmente diferente de lo que un niño es capaz de detallar en el dibujo. Lo que nos indica una vez más que los adultos no sabemos conectarnos con la observación minuciosa de las imágenes vistas por la mirada escrutadora de los pequeñines, o como suelo decir: No saben leer las ilustraciones o –en el caso de los ilustradores- no saben imaginar el video de las acciones de los personajes y la secuencia de las situaciones del texto en la "película".
Como reflexión podríamos decir que si desconocemos las características del mundo de la infancia, en provecho de nuestra estatura de adulto "sabio", es probable que nos estrellemos, tal vez por este criterio algunas obras recomendadas por críticos, psicólogos y lingüistas, quedan frìas en los anaqueles ante la mirada observadora de niños lectores que defienden sus intereses... sus propios gustos. Los niños y niñas son extremadamente sinceros. Cuando aceptan o rechazan algo, sus decisiones son radicales: "Gusta o no gusta". De ahí la importancia de interactuar con ellos antes, durante y después de la lectura.
La mazorca soñadora, que los niños aprendieron a querer por lo que es, por lo que ellos captaron; aunque no estaba aún editado cuando hicimos las lecturas; fue consultado con 238 alumnos de preescolar, primera etapa de básica y una sección de cuarto grado. Sus edades oscilaban entre 3 y 10 años.
Si un niño quiere que le lean varias veces el mismo texto es un signo de que le gusta muchísimo. Lo que no nos parece bueno es que quienes escogen o adquieren los libros que van a las bibliotecas escolares, para el público infantil, no son precisamente los pequeños, sino los adultos. Esta es una triste realidad: la decisión, el agrado o desagrado de los adultos por encima de los gustos de quienes van a escuchar o a leer esos libros.
Entre las tantas lecturas o connotaciones de este breve texto poético melodioso a los oídos y con abundantes imágenes sensoriales, podrían extraerse del contexto algunos paralelos con una madre que no tuvo oportunidades o no las aprovechó en su momento, para "crecer" y desarrollar un talento artístico o de cualquier otra naturaleza elevada, con una clara conciencia de un destino inevitable relacionado tan solo con el sustento material, y que decide estimular o sensibilizar a sus hijos para que ellos conecten, se eleven, con otras formas más plenas de realizar la vida. Ella misma, la madre mazorca, iba creciendo junto a sus hijos: "Mientras maduraba / fue hablando / con sus hijos refulgentes / de energía y vida". Y esa sensibilización la comienza haciéndoles observar las maravillas de la naturaleza. En el texto encontramos que "Los granos dormidos fueron preparados para hacer exquisitas comidas", es decir más que castigo es aceptación de las decisiones, madurez y grados de comprensiòn, de los unos y los otros; aunque éstos sean niños. Y ya eso es bastante para un libro y un autor.
Autora: Inès de Cuevas