De "LAS PALABRAS QUE SE LLEVA EL VIENTO" (Everest)
PAISAJE EN EL TINTERO
Miro por la ventana
y escribo en mi cuaderno.
El paisaje está fuera
y a la vez aquí dentro.
La luz mancha la página
debajo de mis dedos.
Los pájaros son letras
escritas en el viento.
Las huellas del camino,
palabras que me dicen
si estás cerca o vas lejos.
Un arroyo murmura
dentro de mi tintero.
De pronto, cae la lluvia.
Borrón y cuento nuevo.
MI CASA ES UN AGUJERO
Mi casa es
un agujero en el suelo,
un oscuro laberinto,
un pasadizo secreto.
Mi casa es
un agujero en un árbol,
el viento helado de enero,
la brisa dulce de mayo.
Mi casa es
una grieta en la pared,
una teja del tejado,
la rendija en la ventana
del amanecer.
CANCIÓN DEL VIENTO
Soy el viento,¡el vientooooo!
A todas partes voy,
de todas partes vengo.
Cabalgo por el mar,
por bosques y desiertos.
El brillo de la luna
se enreda en mis cabellos.
Soy el viento,¡el vientooooo!
Dibujo sobre el agua
la cara que no tengo,
susurro entre las hojas
lo que sólo yo entiendo.
Soy el viento,¡el vientooooo!
A todas partes voy,
de todas partes vengo.
EL VIEJO RELOJERO
Ajusta cada día
la máquina del tiempo,
ordena los segundos,
engrasa el universo.
(Sobre su cabeza,
el péndulo viene,
el péndulo va,
y el silencio,
mientras tanto,
hace tic,
hace tac.)
Anclado en su taller,
sin prisa se ha hecho viejo,
sabiendo la hora exacta
de todos sus recuerdos.
EL PIRATA TATUADO
En el brazo del pirata
nada el tatuaje de un pez.
En la palma de la mano,
navega el barco
que nunca pudo tener.
Todo su cuerpo es un cromo,
lleva a cuestas mil historias
dibujadas en la piel.
Su bandera desgarrada
sobre el pecho,
el retrato de su loro
junto a un pie.
Pero,¡ay, pobre pirata!,
el mapa de su tesoro
se lo han tatuado en la espalda,
y no lo ve.
De "POEMAMUNDI" (Anaya)
UNA ESCUELA EN ALGUNA PARTE
Mi escuela es tan pequeña
que no cabe el maestro.
Tal vez no tanto,
pero,
en sus cuatro rincones,
apenas hay sitio para guardar
todas las cosas del universo.
Mi escuela está tan lejos
que se sale del mapa.
Tal vez no tanto,
pero el camino es largo
y salgo, cada día,
de madrugada.
Por atajos infinitos,
voy siguiendo las huellas
de mis propias pisadas.
Es tan pobre mi escuela
que, al sumar una y una,
allí no son dos
sino una y media.
Tal vez no tanto,
pero a veces mi escuela
no parece una escuela.
Nadie tira una tiza,
nadie arruga un papel
ni se mancha de tinta.
En mi escuela,
nunca huele a virutas de lápiz
al entrar por la puerta.
Pero mi escuela es tan pequeña,
tan pobre
y está tan lejos,
que no es sólo una escuela.
Es tan pequeña
que crecemos por dentro.
Está tan lejos
que, al llegar, nos sentimos
como en casa.
Es tan pobre mi escuela
que, a falta de libros y cuadernos,
aprendemos a escucharnos
y le ponemos nuestra propia voz
a las palabras.
EL MEJOR JUGUETE DEL MUNDO
Juego en mitad del desierto
con un pedazo de cuerda,
con mi pelota de trapo,
con un puñado de arena.
En un rincón de la selva
dos latas son mis dos zancos,
con ellos cruzo el arroyo
y juego a ser el más alto.
En un paisaje de escombros
sé imaginar una casa,
a mis amigos del parque,
las palomas en la plaza.
En cualquier parte del mundo
puedo buscar un tesoro,
inventar mi propio cuento,
sin nada, tenerlo todo.
DENTRO DE LA MALETA
Dentro de la maleta
llevo lo necesario,
el polvo del camino
y otro par de zapatos.
Llevo dentro un espejo
donde pasan los años,
el rumor de una fuente
y la sombra de un árbol.
Llevo un rojo horizonte
y una página en blanco,
una estrella fugaz
y el humo del tejado.
Dentro de mi maleta
cabe lo necesario,
el norte de la brújula
y el sur hacia el que vuelan
los pájaros.
EL JUEGO DE HACER POSIBLE LO IMPOSIBLE
"Cómo atar los bigotes del tigre"
(Gloria Fuertes)
Yo sé tocar la luna,
encontrar una aguja en el pajar,
contar el infinito con los dedos,
buscar un fin al cuento de nunca acabar.
Yo sé parar el tiempo,
en un día dar al mundo ochenta vueltas,
hablar y que se entienda en todos los idiomas,
cambiar por paz el cromo de la guerra.
Yo sé poner el cascabel al gato
y sé, querida Gloria, cómo atar
los bigotes del tigre.
Aunque sólo sea un juego,
nada más que jugar
a hacer posible lo imposible.
EL BUSCADOR DE PALABRAS
"Cómo se llama
la luz que entra de noche
por la ventana"
(David Chericián)
No encuentro una palabra que rime
con el murmullo del mar.
¿Qué frase suena igual
que el ruido de mis pasos?
Mi imagen del espejo,
¿se llama como yo?
¿Dónde están las palabras
que he tenido en la punta
de la lengua?
Busco, de la A a la Z,
el nombre de todas las cosas.
Y, para despedirme,
una palabra
que nunca signifique "adiós".
EL LIBRO Y SUS ALREDEDORES
He llegado al punto final.
Cierro el libro y miro
a mi alrededor.
Cada cosa sigue en su sitio,
a pesar del naufragio
del capítulo dos.
Sin darme cuenta,
ha anochecido.
En la última página,
cuando el tren se alejaba,
salía el sol.
He estado a la vez
dentro y fuera del libro,
libre entre las cuatro paredes
de mi imaginación.