Secretitos

 

    ¿Tú sabías que la aurora, desde ahora,

    es la dueña de una estrella grande y bella?        

Me contaron que la luna, a la una

baila un tango con el mar, sin parar.

He oído que la brisa anda con prisa

para contarles sus cosas a las rosas,

y hasta sé que el duende gris, está feliz.

 

 

La casa de Mariluna

(Para Marisol)

 

En casa de Mariluna,

las cosas son, por fortuna,

parecidas a los sueños

de los niños más pequeños.

Rosales que en vez de rosas

dan azules mariposas,

estrellas de cinco puntas

 que se las ve siempre juntas.

burritos inteligentes

cerdos limpios, tiernas hienas

hay amigables serpientes

y hasta tarántulas buenas.

En casa de Mariluna

todo cambia, por fortuna,

los papás son juguetones,

los profesores, reilones

Las abuelas son traviesas

y siempre están con sorpresas

de viajes imaginarios

al país de los canarios.

Las mamás son diferentes

andan siempre sonrientes,

les gusta saltar en pita

y detestan "la sopita",

los tónicos, los ungüentos

y a los cucus de los cuentos.

Todo es raro por fortuna,

en casa de Mariluna.

 

 

Bruja y dragón

 

Papá , cuando tú peleas

con mamá, aunque no lo creas

te vuelves como un dragón,

grande, verde y barrigón.

El fuego que de tu boca

brota, quema lo que toca,

los muebles y las cortinas

y espantas a las vecinas.

Te conviertes en dragón,

si te pones renegón.

Mamita, cuando peleas

con papá, aunque no lo creas,

te vuelves bruja de cuento,

pareces un esperpento

de uñas largas de pantera

que destruye la madera

de sillas, mesas, ropero

y de susto yo me muero

Mamita, en cada pelea

eres la bruja más fea.

Es altamente arriesgado

encontrarse allí parado

en medio de la batalla

de bruja y dragón canalla.

Por eso, tengo cautela,

corro al lado de mi abuela

hasta que el dragón se calme

y la bruja se desarme.

Hasta que vuelva la calma,

y se me apacigüe el alma.

                   Historia para ser contada
 

Había una vez una niña

que se llamaba Carmiña.

 Quería ser marinera,

alpinista o ingeniera.

Le gustaba dibujar,

jugar al trompo y bailar.

Fue por dar un buen discurso

presidenta de su curso,

y también fue directora

del grupo de redactoras

de una importante revista

de tendencia feminista.

Así Carmiña creció

y un día se enamoró

de un gran revolucionario

que salía en el diario.

Se llamaba José Luis

y su apellido era Ruiz.

Él se quería casar

y ella se puso a pensar

 en algunas condiciones

 para tomar decisiones.

Mientras se fumaba un puro,

 él habló sobre el futuro:

Quería una esposa sin par,

una reina del hogar,

 que lave, planche y cocine

y cuando él llegue, lo anime

 con su charla interesante

 y esté linda y elegante.

Que sea sacrificada

buena madre y abnegada.

El sería responsable

de traer dinero contable,  

y así sería feliz,

" Doña Carmiña de Ruiz"

Ella le habló sin premura

 con la mano en la cintura.

 - Yo soy Carmiña Bellido,

 no llevaré tu apellido.

Los dos vamos a afrontar

las labores del hogar.

 soy una buena ingeniera,

 no dejaré mi carrera.

Seré lo que quiero ser,

 porque soy una mujer.

José Luis Ruiz, asustado

quedó un tanto anonadado.

Más, como era inteligente,

muy sensible y consecuente,

tomó sabia decisión

llegando la conclusión,

que hombre y mujer son iguales

para colmo de los males.

Y se casaron felices

aunque no habían perdices.

Aquí termina la historia

 para la eterna memoria

de esa simpática niña

que se llamaba Carmiña.

 

 

 

Del libro “Para todo el mundo” premio especial del concurso Nacional de Literatura Infantil de la Reforma Educativa Boliviana.

 ( Derechos de autor registrados)