El sapo verde

Ese sapo verde

se esconde y se pierde;

así no lo besa

ninguna princesa.

 

Porque con un beso

él se hará princeso

o príncipe guapo;

¡y quiere ser sapo!

 

No quiere reinado,

ni trono dorado,

ni enorme castillo,

ni manto amarillo.

 

Tampoco lacayos

ni tres mil vasallos.

Quiere ver la luna

desde la laguna.

 

Una madrugada

lo encantó alguna hada;

y así se ha quedado:

sapo y encantado.

 

Disfruta de todo:

se mete en el lodo

saltándose, solo,

todo el protocolo.

 

Y le importa un pito

si no está bonito

cazar un insecto;

¡que nadie es perfecto!

 

 

¿Su regio dosel?

No se acuerda de él.

¿Su sábana roja?

Prefiere una hoja.

 

¿Su yelmo y su escudo?

Le gusta ir desnudo.

¿La princesa Eliana?

Él ama a una rana.

 

A una rana verde

que salta y se pierde

y mira la luna

desde la laguna.

     (¡Cuánto cuento!, Algar)

           

 

El Sol

 

El Sol mueve la cabeza,

bosteza y se despereza;

se acaba de levantar

de su cama azul de mar.

 

Y va a lavarse la cara

con agua de lluvia clara.

Lava su melena rubia

con agua clara de lluvia.

 

El Sol, con un arrebol,

se seca el pelo al resol;

hasta el cielo sube y sube

por un abrigo de nube.

 

Con pintura de alegría

pinta de color el día.

Con encajes de bolillo

vuelve lo gris amarillo.

 

Pasea sin parasol,

enamora a un girasol,

se cuela por la ventana,

viste de luz la mañana...

 

Bota como una pelota,

juega con una gaviota,

se bebe el agua de un charco,

dibuja en el cielo un arco...

 

Y tiñe todo de rojo,

por capricho y por antojo,

con tintura de carmín;

¡qué cansancio y qué trajín!

 

Después de un día tan loco,

para descansar un poco,

el Sol se vuelve a acostar

en su cama azul de mar.  

              (Unos animales muy originales, CEDMA)

   

                 La jirafa Rafaela

 

                            La jirafa Rafaela

usa gafas de su abuela

porque desde allá arribota

no ve ni hache ni jota.

 

Creyó que un enorme pino

era un jirafo muy fino

que le iba a hacer la corte;

¡vaya corte!

 

Que un erizo con un año

era una esponja de baño

y se lavó en bañador;

¡qué dolor!

 

Que la serpiente Consuelo

era un lazo para el pelo

y la llevó en la cabeza;

¡qué belleza!

 

Que un avestruz con sombrero

era un hermoso florero

y lo colocó de adorno;

¡qué trastorno!

 

Y que era Alejo el Cangrejo

un despertador muy viejo

que atrasaba con frecuencia;

¡qué paciencia!

 

La jirafa Rafaela

usa gafas de su abuela

porque desde allá arribota

no ve ni hache ni jota.

           (Unos animales muy originales, CEDMA)

 

        Manolito el caracol

 

Manolito el Caracol

sale sólo si hace sol,

pues no le gusta ni un pelo

que llueva lluvia del cielo.

 

Es caracol de secano

-explica a todos su hermano.

-Sueña de noche y de día

con vivir en Almería.

 

¿Y qué hace un caracol

viviendo bajo una col,

si él lo que quiere es estar

muy cerquita de la mar?

 

Manolo le echa coraje,

coge todo su equipaje

y se dispone a viajar

hasta Roquetas de Mar.

 

            ¡Vaya, vaya, vaya, vaya..,

pero qué enorme es la playa!

Y olvida pronto su pena

tomando el sol en la arena.

6

Un día llega una ola,

arrastra una caracola...

y Manolo, de repente,

se enamora locamente.

 

Caracola y Caracol

son felices bajo el sol:

se pasean por la orilla

de la mano y sin sombrilla.

 

Caracol y Caracola

ya no están solo ni sola

y se quieren a rabiar

    allá en Roquetas de Mar.

                   (Unos animales muy originales, CEDMA)

La luna llora


La luna llora en el cielo
porque ha perdido su velo
y sin su velo sedeño
no puede coger el sueño.

¿Qué hará en la noche cerrada
la lunita desvelada?

 

 

El viento de otoño

El viento de otoño
le despeina el moño
moñudo, moñón,
a doña Asunción.

El viento que vuela
se mete y se cuela
como lagartija
por cualquier rendija.

Esparce las hojas
doradas y rojas
que don Barrendero
barrió con esmero.

Desnuda al castaño
una vez al año.
Desviste al manzano
después del verano.

Le roba el sombrero
a don Baldomero.
Le da volteretas
por las plazoletas.

Y canta al oído
de un niño dormido
canciones de cuna,
de tuna y de luna.

             (Versos de colores, Hiperión)

 

 

A la luna nueva


A la luna nueva
le gusta que llueva
y flota en un charco
sin barca ni barco.

La luna de plata
parece una pata:
nada que te nada
y como si nada.

La luna alunada
es muy despistada;
brillando en el suelo
se olvida del cielo.

¿Dónde está la luna
que alumbra mi cuna?

¿Dónde está a la una?
Pues está en la luna.

          (Versos de colores, Hiperión)

 

 

Canción 
(A Rafael Alberti)


Te pinto de timonel
en un barco de papel
con tu melena de espuma
navegando entre la bruma.

Bajamar,
¡qué solita voy a estar!

Angelito marinero,
¿me llevas en tu velero?
Sube y baja, baja y sube
una nube y otra nube.

Gaditana,
¿quién te cantará mañana?

Planta un peral y un ciruelo
en tu mar azul del cielo
y recoge entre las olas
estrellas y caracolas.

¡A la una!,
cántame desde la luna.

 (Versos de colores, Hiperión)

 

Luna lunada


Luna lunada
que a la alborada
se va y se esconde
yo no sé dónde.

Dígame usté
¿Vio al zorro andando
que anda buscando
yo qué sé qué,
yo no sé cuándo?

Luna redonda
monda y lironda
que sube al cielo
su blanco velo.

Diga, señora:
¿Ladra un extraño
bajo el castaño
a cualquier hora
desde hace un año?

Luna lunera
cascabelera
que vaga y vuela
entre estrelluelas.

Dígame, Luna
grande y bonita,
si el zorro grita
hasta la una
por su zorrita.

Zorro, zorrero,
no llores más,
porque en febrero
te casarás.

  (Versos de colores, Hiperión)

 

¡Vaya trajín!


La comadreja
vieja y pelleja
corre un montón
sin ton ni son.

Llega y se aleja.
Sube a una teja.
Viene y se va;
¿adónde irá?

Con más de un año
trepa a un castaño.
Anda y se mueve
bajo la nieve.
¡Tanto trajín
no tiene fin!

Noche cerrada;
ya anda cansada.
Vuelve a su hura
limpia y segura.

Todo está quedo,
Duerme y reposa.
No te dé miedo
ninguna cosa.

(No somos bichos raros, GDR)

 

El autobús colorado


El autobús
colorado.
¡Atchús!,
vaya resfriado.

Con tanto barro
por el camino
pilló un catarro
la mar de fino.

Le da aspirinas,
el conductor,
con gasolina
para el motor.

Y una bufanda
de pura lana
a ver si anda
por la mañana.

Pero estornuda
y se hace un lío:
lo mismo suda
que tiene frío.

Lo lleva Elías
para el garaje;
en unos días
no habrá más viajes

 (¡A jugar con los poemas!, CCS)

 

Agustina en su cocina


La cocinera Agustina 
da una fiesta en su cocina. 

Brinca la tapa contenta 
y pita alegre la olla. 
Chuf-chufea la cebolla. 
Pica y bulle la pimienta. 

Sube el humo remolón. 
Los ajos de arriba a abajo 
chismean con desparpajo. 
Chisporrotea el fogón. 

¡Qué a gustito está Agustina 
metidita en su cocina!

 (¡A jugar con los poemas!, CCS)

 

El bombero y la bombera

El bombero
sandunguero.
La bombera
sandunguera.

Tienen coche con sirena
que pita y que suena.
Tienen sirena en el coche
que luce y gira de noche.

Don bom-bom-bombero,
venga usté al tercero.
Doña bom-bombera,
venga la primera.

Tienen un perro de aguas,
sin pantalones ni enaguas,
con misión poco corriente:
salvar a un montón de gente.

El bombero a la bombera
le regala una manguera.
Y la bombera al bombero
le dice: "Cuánto te quiero"

Tienen casco y uniforme
y una camioneta enorme.
Y tienen una escalera
que es más alta que cualquiera.

Don bom-bom-bombero,
apague el brasero.
Doña bom-bombera,
venga con manguera.

Tienen un gran corazón
y una radio en el camión.
Tienen chaqueta elegante
y una tarea importante.

El bombero
sandunguero.
La bombera
sandunguera.

 (¡A jugar con los poemas!, CCS)

 

Servando y betuna


Mamá oveja no se alegra
porque entre ovejitas blancas
nació a trancas y barrancas
Betuna, la oveja negra.

Desde chiquita Betuna
estaba siempre en la luna;
no era una oveja corriente,
ni corriente ni moliente.

Aunque era raro y extraño
nunca seguía al rebaño:
iba cubierta de lana
donde le daba le gana.

Y el pobre pastor Servando
a todas horas buscando:
se recorría la sierra,
el mar, el cielo y la tierra.

Es que con mucho donaire
Betuna andaba a su aire.
Era una oveja distinta
por su gusto y por su pinta.

Y debajo de un arbusto,
entre sustos y disgustos,
Servando daba a Betuna
más cariño que a ninguna.

 

Mi maestra


Mi maestra
-es mía y es nuestra-
nos pone una muestra
con cinco vocales
que no son iguales

La a
Es gordita y tiene cola.
La trae a rastras la ola
y a veces camina sola.

La e
Con su frente inteligente;
es elegante y sonriente
y está siempre con la gente.

La i
Su puntito te hace un guiño.
Es la vocal de los niños,
la ternura y el cariño.

La o
Redonda, monda y lironda.
Duerme en camisón de blonda
en medio del microondas.

La u
Es la última del menú.
Tu tururú tururú.
Entera la tienes tú.

 (¡A jugar con los poemas!, CCS)