Un hombre sin cabeza

Un hombre sin cabeza

no puede usar sombrero.

Pero éste no es

su mayor problema:

no puede pensar,

no puede leer,

no puede cantar,

no puede comer.

No puede escuchar,

ni puede entender,

que para amar y besar

cabeza se ha de tener.

 

Niño con dos caras

Un niño con dos caras

no sabe si viene,

no sabe si va,

a menos que pregunte a su mamá.

Para él, ir y venir

son una misma cosa:

se va mientras se llega

y viene mientra se va.

Un niño con dos caras

no es algo gracioso,

al contrario, es peligroso:

hoy dice "es así"

y mañana "es así" pero distinto.

Puede sonreír por delante

y hacer muecas por detrás,

callar con una boca

y hablar con la otra.

Y como tiene dos pares de ojos

mira de frente y baja la mirada

todo al mismo tiempo

y no nos enteramos.

 

El monstruo interior

el monstruo que tenemos dentro

es chiquitico, perverso,

y se sabe muchos cuentos.

Nos disculpa aquí,

nos dispensa allá.

Dice que ya va

y hace todo

(lo malo, se entiende)

como si él no lo hubiera hecho.

El monstruo que tenemos dentro

es parte de nosotros

y crece si lo alimentamos.

No le demos de comer

y se irá

a buscar otros mundos

conde estar.