Fragmento de LA BRUJA PIMIENTA (incluido en ¡A jugar con los poemas!, Editorial CCS)

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                 Una noche de tormenta,

con más truenos de la cuenta,

nació la bruja Pimienta.

 

En un bosque tenebroso,

silencioso y horroroso;

con lobos, pero sin osos.

 

Era una noche sin luna,

más oscura que ninguna,

alrededor de la una.

 

La trajo ululando el viento.

-No es cuento, que yo no miento;

ni miento ni me lo invento.-

 

La dejó bajo un helecho

sin pañal, cuna ni techo,

después de volar un trecho

 

 

 

 

 

 

 

La bruja Maruja, en esto,

paseaba con su cesto,

su manto y su gorro puesto.

 

Maruja Lavía Appia

es sorda como una tapia

y tiene una buena napia.

 

Cogiendo unas bayas rojas

y miel para su meloja,

vio algo extraño entre las hojas.

 

Una niña que, asombrada

de nariz tan alargada,

estalló en mil carcajadas.

 

Entre lluvia y espesura

vio Maruja a la criatura

y la arropó con ternura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                Pensando que, con paciencia,

con maña y con insistencia,

iba a enseñarle su ciencia.

 

-Haré de ella en mi vejez,

en nueve años o en diez,

una bruja de una vez.

 

Le dio leche de murciélago

venido del archipiélago

volando encima del piélago

 

Le preparó en su vasija

papilla de sabandija

y rabo de lagartija.

 

Puré de lagarto enano,

lenguas de rana de y rano...;

¡todo batidito a mano!

  

 

 

 

 

 

 

 

         

 

 

                  Y soñaba satisfecha

en ver, llegada la fecha,

a una bruja hecha y derecha.

 

Una mañana a una hora,

le dio un puñado de moras

y una escoba voladora.

 

                Después de mucho chocar,

Pimienta aprendió a volar

en vez de bien, regular.

 

Volando siempre adelante,

con su vuelo trepidante

y su escoba sin volante...

 

...atropelló a tres cantantes,

a un príncipe y a su amante

y a nueve estrellas errantes.

 

 

 

 

 

 

 

Un día, en un periquete,

a Maruja, de paquete,

llevó de Orense a Albacete.

 

Otro día fue a la Luna

con una gata moruna,

          sin gasolina ninguna.

 

De aquí para allá en el cielo,

        sin vérsele mucho el pelo,

el tiempo pasó en un vuelo.

               (Incompleto)

 

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